Aunque la pandemia en África ha afectado la economía de millones de personas, jóvenes emprendedoras como Annabel e Inès nos recuerdan que la vida continua a pesar de los impedimentos de la crisis.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los jóvenes son los que más están sufriendo las consecuencias socioeconómicas de la pandemia en África. Un 93,4% de ellos tienen un empleo informal en sectores muy castigados por las medidas de emergencia y confinamiento.

Annabel Dosoo es dueña de un salón de belleza en Accra (Ghana). “La gente que venía a arreglarse el pelo para una boda u otro evento social no ha venido, todo se ha suspendido” relata, añadiendo que “antes del confinamiento había comprado muchos productos, porque pensaba que tendría trabajo, pero las cosas no salieron como yo esperaba, así que pasé un tiempo de dificultad económica”.

En Benín Inès Adjoula sufre una situación similar: “desde el cierre de las fronteras, todo quedó bloqueado. Al principio, todo iba bien porque tenía bastantes productos en stock. Ahora es más complicado: algunos productos se han agotado”, nos cuenta desde su tienda en Abomey-Calavi. “He dado de baja a tres vendedoras, pero espero volver a contratarlas cuando vuelva la normalidad”. Según ella, “la empresa requerirá al menos un año de actividad después de la crisis para recuperarse”.

Recuperar la actividad comercial

Tanto Inès como Annabel han sufrido la pandemia a nivel económico, en países donde el emprendimiento es clave para la subsistencia. Aun así, se han adaptado para que sus negocios sigan en pie. “Para que el negocio remonte hago algunos servicios a domicilio. Gracias a las redes sociales he sido capaz de comunicarme con mis clientas online, recoger sus pedidos y enviarles pelucas confeccionadas cuando las tengo listas” afirma Annabel. Inès también ha “desarrollado la entrega a domicilio” y ha fidelizado a su clientela a través del pago electrónico, ya que la gente “todavía tiene miedo de ir a las tiendas por culpa de la pandemia”.