En la mayoría de los países de África, las mujeres están en primera línea de respuesta ante la pandemia provocada por la COVID-19. Corren mayor riesgo de infección porque desempeñan papeles de cuidados tanto en los sistemas de salud como en sus comunidades.

Por si fuera poco, y a nivel económico, las mujeres también constituyen la mayoría (más del 80%) del sector del empleo informal (trabajadoras domésticas, comerciantes a pequeña escala), y se han visto muy afectadas por las actuales medidas desarrolladas para responder a COVID-19.

Hoy traemos dos testimonios de mujeres comerciantes de Costa de Marfil con las que hemos podido hablar sobre la implicación de la crisis en sus negocios.

La dificultad de sacar productos del campo ha doblado los precios

 Yao Amoin Jeanne (foto) tiene más de 50 años y regenta un puesto de venta de plátanos machos en el mercado municipal de Bingerville, en la periferia de Abiyán. Nos cuenta que, tras las restricciones de movimiento y aunque la provisión de víveres estaba garantizada. “Muchos productores de materias primas no podían transportar sus productos desde el campo hasta el punto de recogida”. Estas restricciones “han provocado un alza de los precios que ha repercutido en minoristas como yo. El precio de compra de plátanos machos a los proveedores se ha doblado”, apunta Jeanne.

A esto hay que añadirle la poca presencia de clientes en los mercados, debido al confinamiento y al temor a contagiarse. “He añadido verduras frescas a la venta de plátanos, para así por lo menos poder mantener e incluso diversificar mi clientela” nos cuenta la tendera marfileña.

Cierre de negocios y falta de suministros

Diagoné Lou Marie Noëlle, de 32 años, es dueña de una tienda de ropa en Bingerville. La mayor dificultad durante la pandemia ha sido la falta de suministros. Según sus palabras “parte de mis artículos los importo de China, y cuando la crisis comenzó allí todo quedó bloqueado. Algunos de mis proveedores, a los que pagaba tras la venta, ya no podían suministrarme mercancías por culpa de la pandemia”.

Diagoné tuvo que cerrar temporalmente la tienda y prescindir de una empleada. “Probé con un marketing de proximidad, mediante llamadas telefónicas e invitaciones directas a visitar la tienda, pero los clientes no han respondido favorablemente. Tanto por miedo al coronavirus como porque tampoco estaba yo en disposición de presentarles muchas novedades”. Para ella, su negocio no se recuperará económicamente hasta finales del 2020, a expensas de la evolución de la pandemia y las elecciones presidenciales del país, que pueden desestabilizarlo aún más.

Desde Anesvad, seguiremos reforzando sistemas de salud como el marfileño para atajar esta crisis y seguir luchando contra Enfermedades Tropicales Desatendidas.