Hemos hablado con varias enfermeras africanas de Costa de Marfil, Ghana y Benín, que nos comparten sus reflexiones sobre la importancia de su profesión más allá de la dificultad originada por el coronavirus.

Muchas comunidades de toda África informan de que tienen dificultades para acceder a servicios de salud fundamentales. Debido a la debilidad estructural de los sistemas de salud, sufren interrupciones en las cadenas de suministro médico y la falta de personal.

Enfermeras africanas: atención primaria a falta de vendas y tecnología

Para Gladys Adwapa, enfermera del Hospital Municipal de Ga West (Ghana), uno de los principales retos es el de “proporcionar atención de calidad a las personas menos privilegiadas de nuestro entorno, mujeres, niños y niñas”. Antes de que irrumpiera la COVID-19 en Ghana, Adwapa admite que el hospital donde trabaja estaba falto de “vendas y materiales necesarios para cuidar heridas”. “Otra necesidad apremiante que traería alivio a los pacientes, el personal y la comunidad en general es poder disponer de una máquina anestésica para practicar cirugía plástica en pacientes con heridas crónicas que no cicatrizan” añade. La situación de saturación también afecta al correcto tratamiento de otras enfermedades. Por ejemplo, la úlcera de Buruli, enfermedad que Gladys conoce bien, ya que atiende a pacientes de comunidades cercanas con casos probables y confirmados de esta enfermedad.

El personal que huye a la sanidad de pago

Pauline Murielle Demisere, enfermera de reanimación del Hospital Mère-Enfant de Bingerville (Costa de Marfil), señala la incapacidad del sistema de salud marfileño de retener y afianzar su personal sanitario. “El mejor personal de la sanidad pública trabaja también en la sanidad privada, muchas veces por la mala calidad del equipamiento técnico. Parte de quienes trabajan en la sanidad pública abandonan su puesto en favor de la sanidad privada, que les ofrece un salario mejor”. Esta situación va en detrimento de las personas con menos recursos, que ven mermada su posibilidad de acceso a una atención médica de calidad.

Sin agua y con reptiles

En Benín, Alice Kpotanme trabaja en el centro de salud de Atchonsa. Allí no hay un médico propio y son ellas las que se hacen cargo de los pacientes. Este centro carece de infraestructuras básicas de agua y saneamiento, algo que dificulta sobremanera la labor de Alice. “Carecemos de un punto de suministro de agua, lo que nos obliga a ir a comprar agua a un particular propietario de un pozo”. Además, se queja de que “el centro de salud de Atchonsa está rodeado de hierba. No está cercado en su totalidad, lo que no resulta seguro en absoluto debido al tránsito de reptiles por las instalaciones”. Algo que interfiere con la correcta gestión y seguridad de los pacientes. 

Ante el contexto de pandemia, las problemáticas que señalan Gladys, Pauline y Alice se agudizan. Ellas, ahora más si cabe, garantizan que los sistemas de salud sigan funcionando frente a la escasez de recursos materiales y humanos. Es el momento de apoyar a las enfermeras de todo el mundo y reconocer su labor vital para nuestra salud.